domingo, 2 de diciembre de 2007

Artículo de Opinión

EL MILITARISMO DE MARTIN
Miguel Antonio Bernal
Activista de Derechos Humanos


Por formación, y por deformación, las proclividades del Presidente Martín Torrijos hacia el militarismo forman parte, no solo de su propia personalidad, sino también de su política de gobierno. Por ello, desde su ascenso al poder el 1 de septiembre de 2004, la consolidación de un número plural de acciones y prácticas propias del militarismo, no han cesado de aumentar. Como tampoco el crecido número de nombramientos de funcionarios en altos y medios mandos, de formación decididamente castrense y con un prontuario nada acceptable en material de Derechos Humanos.
A paso redoblado, prosigue en Panamá, impulsado por el gobierno de Martín Torrijos, la legalización de la represión de las garantías fundamentales y de las libertades democráticas que deben acompañar a todo Estado de Derecho. La próxima aprobación de la Ley que pone a la difunta PTJ en manos de los servicios de Policía, es un acto aberrante y atorrante que se produce impunemente.
Sin embargo, como advertía hace más de seis meses: “La atrofia de la conciencia constitucional se ha apoderado del cuerpo social nacional. La absurda y alarmante indiferencia de los ciudadanos ante los atropellos contra las más elementales libertades públicas, ha pasado a ser la principal causa de la atracción fatal de las autoridades hacia un Estado policiaco. “
En su valiosa obra,“Enciclopedia Política, Rodrigo Borja define el militarismo como: “la abusiva injerencia de las fuerzas armadas, como institución, o de sus miembros individualmente en la conducción política de un Estado …Pero el militarismo es más que eso: es el afán por el poder politico, por el mando social y por los privilegios. Considera que ‘lo militar’ es la esencia misma del Estado y entrega a los militares poder de mando y decisión. Eleva el gasto militar y promueve el armamentismo. LLeva ímplicita la transposición de principios y formas de comportamiento específicamente castrenses a otros ámbitos sociales, en que resultan extraños e inadecuados. Por tanto, el militarismo no solamente es la toma del poder sino también la imposición a la sociedad de los valores y categorías castrenses”.
El militarismo de Martín se dibuja cada vez más en la elusión constitucional, las permanentes violaciones al debido proceso, las escuchas telefónicas, el terrorismo contra el habeas corpus, la manipulación de la información también para atacar y desacreditar a los médicos, el monopolio sobre el Tribunal Electoral y la Asamblea Nacional, la corrupción (lo del FECE es solo un botoncito), la impunidad (caso SPI), la militarización de Gobierno y Justicia y una larga cadena de hechos contrarios a los verdaderos intereses de la democracia, de la justicia y de la libertad.



Créditos
Reproducido con la autorización debida de su autor.

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